"Escribo sobre ti desde hace mucho, incluso antes de conocerte."
Iván Ferreiro.
29.11.10
"-¿Y si no puedo querer, qué? ¿Y si soy como un peón de ajedrez, que su máximo movimiento en el amor es un pasito adelante, sólo un pasito adelante? ¿Que no soy como las torres, ni como los caballos, ni como los alfiles? ¿Sólo un peón?
-Entonces, difícilmente podrás comerte a la reina."
Tu vida en 65 minutos.
-Entonces, difícilmente podrás comerte a la reina."
Tu vida en 65 minutos.
Te quiero. Y estoy cagada, como nunca antes lo había estado. Supongo que es porque me gustas de verdad y eso sólo me pasó una vez en la vida. Después, tuve que volver a construirme por dentro y no quiero volverlo a hacer, no tengo fuerzas. Sólo necesito que me beses el omóplato, la nuca y las rodillas. Que te dejes cocinar y que, a veces, me prefieras a mí antes que a todo lo demás. Del resto se van a ocupar el amor y los días que pasaran. Se van a encargar de hacerme llegar corriendo sólo para abrazarte y decirte muy flojito al oído que te he echado de menos, de darme permiso para colocar tu desodorante en mi baño, de dejar que no sienta este miedo a que desaparezcas o de enseñarme que es lo que te hace feliz. Ahora déjate llevar y todo te va a salir a pedir de boca.
Els Pets – Por *
Els Pets – Por *
26.11.10
Orquídeas.
"Callem, fins que ningú,
ni jo mateix, no el pugui
confondre encara amb mi."
Gabriel Ferrater.
A él le gustaba amarme con la pausa de los domingos, mi culotte negro y que le sonriera con esos ojos que parece que no se acaban nunca. Además sabía que no doy puntada sin hilo y de eso jamás se había percatado nadie. A mí me gustaba que me robara todas las horas del día, su traje negro, sus inmensos ojos azules y que fuera mi Delirio.
No es casualidad que odie el último día de la semana, que ya no tenga culotte negro y que me de miedo sentir otra vez. Tampoco lo es que juegue a las miradas con todos los que llevan con ellos unos ojos azules, aunque ya sólo por eso les odio; ni que no pueda dormirme hasta las tantas. Pero el traje sigue pareciéndome fantástico.
Pensaba que un día se iba a decidir y me regalaría una orquídea blanca y morada. Pero no. Siempre le esperé con o sin orquídea. Le esperé hasta que decidió marcharse, fue un domingo. Y, a pesar, de que le advertí que no regresara, estuve esperándole pero supongo que ya era demasiado tarde. Le ha salido mal, como quería. Y ya no va a volver nunca, no tiene donde encontrarme.
Y sé que le dolí, sino le duelo aun.
PUNTOYFINAL.
22.11.10
Homenajes 2
Se compró un plano de París y, con la punta de su dedo sobre el mapa, hacía recorridos por la capital. Subía los bulevares, deteniéndose en cada esquina, entre las líneas de las calles, ante los cuadrados blancos que figuraban casas. Por fin, cansados los ojos, cerraba sus párpados, y veía en las tinieblas retorcerse al viento las farolas de gas con estribos de calesas, que se desplegaban con gran estruendo ante el peristilo de los teatros.
Madame Bovary, Gustave Flaubert.
Madame Bovary, Gustave Flaubert.
14.11.10
Yo siempre fui igual de tonta, por no decir gilipollas. Estuve un año limpiando la ropa antes de hacer las maletas porque me padre me dijo que la ropa sucia pesaba más que la limpia. Lo mismo me pasó contigo, tú dijiste que eras cobarde por mí y me lo creí. Y ahora que Tokio ya no nos quiere, y no es por Loriga ni por Lori Meyers. Pensándolo bien, quizás somos nosotros los que ya no queremos a Tokio. Pues eso, ahora ya no me creo que hubieras sido cobarde por mí. Fuiste cobarde porque sólo piensas en ti. Como mi padre que me lo decía para no tener que limpiar él la ropa cuando llegaba a casa con mis coladas. Sólo que mi amor por ti no era incondicional y menos mal.
11.11.10
Homenajes.
Pandémica y celeste
quam magnus numerus Libyssae arenae
................................................................
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores.
Catulo, VII
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
JAIME GIL DE BIEDMA.
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